Construir y proyectar una identidad propia y diferenciadora en los mercados mundiales es una obligación de gran envergadura para los gobiernos de las diferentes naciones, la cual les permite competir asertivamente en la atracción de inversiones y mejorar sus exportaciones, entre otros beneficios.

En el anterior sentido existe una amplia literatura. Ya en 1970, en su libro “Una comparación de las actitudes japonesa y estadounidense hacia los productos extranjeros”, Akira Nagashima, experto internacional en mercadeo, afirmaba que la reputación y el estereotipo que los consumidores relacionan con los productos provenientes de un país son fundamentales a la hora de construir su imagen comercial y se relacionan con su pasado, historia y tradiciones. 

De manera simple, se puede decir que el anterior concepto evolucionó de la mano de la globalización de los mercados y se consolidó en la popularmente llamada “marca país”, un término propio del marketing y la comunicación que diferentes publicaciones atribuyen al argentino Roberto Ochhipinti, quien en 1989 lo acuñó en su libro “Conciencia Exportadora”.

En la actualidad este concepto es tan importante que anualmente la compañía global de transformación de marcas “FutureBrand” publica el estudio “Country Index”, una clasificación exhaustiva de las marcas país a nivel global, dando así a conocer las percepciones que las diferentes naciones motivan en los mercados externos.

Aquí contamos específicamente con “Marca País Colombia”, un esfuerzo conjunto entre el Gobierno Nacional y el sector privado que desde el 2012 ha alcanzado logros muy importantes incrementando la competitividad de nuestra imagen positiva ante el mundo, fortaleciendo el orgullo de los colombianos y empoderándolos como multiplicadores de este mensaje.

Por otra parte, frente al futuro venimos hablando en diferentes escenarios de la diversidad biológica de nuestras tierras, de la importancia del sector agrícola y de su contribución creciente al PIB, de la necesidad de consolidarlo para empoderar la economía y de los nuevos mercados externos que, con esfuerzo y dedicación, está logrando penetrar.

Mundialmente la agenda 2030 de la ONU, el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD por sus siglas en inglés) y la FAO resaltan la necesidad de una nueva forma de producir y consumir, siendo la agricultura esencial para satisfacer en 2050 las necesidades de más de 9 mil millones de personas, sin comprometer las necesidades de las próximas generaciones.

No hace falta hacer ningún esfuerzo para relacionar la importancia de la diversidad y riqueza de las tierras colombianas con el potencial de su agricultura y el valor que, desde la sostenibilidad, puede tener en el escenario de sus exportaciones como representante de la imagen del país.

El camino se ha venido abonando. Desde hace décadas algunos sectores como el floricultor han representado con gran acierto a Colombia ante el mundo y le han abierto las puertas a nuevos productos agrícolas que ahora llegan a diferentes mercados. Desde el gobierno, Procolombia, a través de “Marca País Colombia” ha apoyado a diferentes sectores de nuestro agro, asegurando su participación en diversas actividades internacionales permitiendo elevar y posicionar su imagen en el exterior, dándoles mayor visibilidad frente a los compradores de los diferentes destinos.

Contamos con una gran variedad de flores, frutas y verduras que, en muchas ocasiones, hasta nosotros mismos desconocemos. Necesitamos impulsar esa ventaja estratégica que representa ser una nación agrícola y diversa. Así podemos contribuir a seguir elevando la imagen del país, sus exportaciones y la calidad de vida de sus trabajadores.

Frente a los retos que en materia de sostenibilidad afronta el mundo, todos nuestros sectores agrícolas están ante una gran oportunidad. Contamos con 18 TLC vigentes y la experiencia de gremios como el floricultor que comparten sus buenas prácticas para que, además de exportar los productos de nuestra tierra, recibamos del mundo el reconocimiento como una nación líder en producción sostenible.

En momentos donde los gobernantes, empresarios y seres humanos de todo el mundo tienen muchos cuestionamientos frente al futuro y escasas respuestas, una de las pocas certezas con que se cuenta es que la agricultura sostenible puede ayudar a salvar nuestro mundo.

Si algo nos ha enseñado la floricultura colombiana es que la sostenibilidad económica, social y medioambiental es posible, y se constituye en la mejor herramienta para ganar mercados, mantenerse en ellos y elevar la imagen internacional del país para que cada día exportemos más y más. 

Un agro sostenible es sinónimo de éxito para sus productores, sus exportadores y sus trabajadores. Un agro sostenible es oportunidad y reconocimiento internacional para nuestro país y con seguridad una imagen positiva para las exportaciones de todos los sectores en general.

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Agricultura y reconocimiento internacional
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Algunos sectores como el floricultor han representado con gran acierto a Colombia ante el mundo y le han abierto las puertas a nuevos productos agrícolas.
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Algunos sectores como el floricultor han representado a Colombia ante el mundo y han abierto las puertas a nuevos productos agrícolas.
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Augusto Solano Mejía
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